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  • martes 23 de julio del 2024

#Opinión Tormentas ambientales y políticas en cierne

01 de junio del 2016

SELVA DE IDEAS
 Por Róger Rumrrill
 Por una extraña coincidencia llena de presagios encontrados, el próximo cinco de junio los peruanos no sólo optaremos por el “mal menor” para la Presidencia de la República, entre Keiko Sofía Fujimori Higuchi y Pedro Pablo Kuczynski Godard, sino también tendremos encima el Día Mundial del Ambiente, efeméride establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 15 de diciembre de 1972, para recordarnos que el ecosistema es la casa grande en la que vivimos y de la que dependemos todos.

  • Ambos sucesos entrañan grandes incertidumbres y borrascas potenciales.
  • En el primer caso, políticas, sociales y económicas, salvo que el ganador o la ganadora de la segunda vuelta electoral nos diera la providencial sorpresa de humanizar y democratizar al modelo político-económico imperante. Y en el segundo, ambientales y climáticas, con inevitables repercusiones socioeconómicas.
  • En torno al Día Mundial del Ambiente no vislumbro ninguna señal positiva en escala global ni nacional.
  • El 22 de abril último en Nueva York, Estados Unidos, se reunieron representantes de 175 países —convocados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU)– para ratificar los acuerdos climáticos de la COP 21, realizada en París, Francia, en diciembre del 2015.
  • Pero, más allá de protocolos, para el grueso de la opinión pública mundial y los expertos en la materia, esos acuerdos no tienen la seriedad, la consistencia y menos aún el carácter perentorio que exige el inminente apocalipsis climático. Pues los mismos no son vinculantes u obligatorios, por lo que su cumplimiento depende de la voluntad de cada país y especialmente de las potencias industriales y consumistas que han generado el calentamiento global y el cambio climático.
  • Numerosos críticos han calificado a la COP 20 (Lima, diciembre del 2014) y la COP 21 (París, diciembre del 2015) como meras pantomimas retóricas. Incluso, los más radicales han motejado a los acuerdos correspondientes como crímenes contra la humanidad, por considerar que los mismos son meras fintas declarativas, sin metas mundiales y nacionales precisas para frenar el calentamiento global y desactivar sus grandes causas, entre éstas el uso de los combustibles fósiles, la deforestación y el abuso de los insumos químicos.
  • Aún más, ellos advierten que con dos grados más de temperatura la Tierra llegaría a la crisis terminal en poco tiempo más, porque los gobiernos y la ONU misma han cedido ante los intereses y las presiones de las corporaciones transnacionales que lucran con la mayoría de las actividades extractivas y manufactureras que emiten gases con efecto invernadero contra el planeta.

TORMENTAS EN EL PERÚ
Dentro de este marco, las perspectivas ambientales —sobre todo climáticas— en el Perú son graves. Y quien lo afirma no es el “gurú” criollo Hernando de Soto Polar, nuevo socio de Keiko Fujimori y ladino promotor de los ex terroristas supuestamente convertidos en virtuales ecologistas. No. Lo dice nada menos que el Banco Central de Reserva del Perú, con el siguiente pronóstico, en síntesis: Según el Banco Central de Reserva, si el país sigue como hasta ahora, sin tomar medidas eficientes y eficaces para prevenir, mitigar y adaptarse al cambio climático, los daños ambientales y sus costos sumarán el equivalente al 8% (22,800´000,000 de dólares) del producto bruto interno (PBI) o riqueza nacional en el año 2030. El PBI del 2016 asciende a  285 mil millones de dólares.

  • Según el Eco. José de Echave Cáceres, viceministro de Gestión Ambiental del Ministerio del Ambiente en los albores del gobierno feneciente, en la actualidad las pérdidas ambientales ya equivalen al 4% del PBI.
  • Por otro lado, la Autoridad Nacional del Agua ha reportado que sólo desde 1970 hasta el 2014 el Perú perdió el 43% de sus glaciares y nevados, cuyos deshielos hoy proveen el 70% de agua que consume el país en el largo período de estiaje.
  • Y proyectando dicho proceso al futuro, se calcula que en el año 2025 habrán desaparecido todos los glaciares ubicados por debajo de los 5,000 metros. Una hecatombe en potencia.
  • Y mientras las actividades humanas irracionales continúan recalentando a la atmósfera, el programa de prevención, mitigación y adaptación acordado en la COP 20 (Lima ‘2014), sigue congelado en el Perú.
  • Según el Ministerio del Ambiente, la ejecución del mismo requiere entre 967 y 1,251 millones de dólares. Pero no los hay o salen sólo en cuentagotas.
  • Sin embargo, el gobierno ollanta-nadinista ha sido extremadamente “generoso” con las transnacionales mineras y otras corporaciones extractivas que son los que más daños causan al ambiente.
  • Por ejemplo, entre los años 2011 y 2015, de acuerdo con un estudio de “Propuesta Ciudadana”, el Estado debió recaudar 12,000 millones de soles por concepto de Impuesto Especial a la Minería (IEM) y por Gravamen Especial a la Minería (GEM). Pero sólo cobró el 33% de ese monto, es decir, 4,184 millones de soles. Pues en el momento de “negociar” el pago de dichos tributos, el gobierno cometió el imperdonable “error” de aceptar que buenas tajadas de los mismos fueran deducibles como gastos.
  • Y como si la sospechosa desidia y la falta de visión de futuro del Estado criollo y el gobierno vigente no fueran una de las grandes causas de la incesante degradación ambiental del país, los dos candidatos presidenciales finalistas no ofrecen ningún planteamiento esperanzador al respecto. Pues ambos se proponen mantener el modelo neoliberal, quizás maquillándolo un poco con medidas populistas.

                   DEPREDACIÓN

  • Dentro de este marco, Keiko Sofía Fujimori Higuchi ha ido mucho más lejos, sólo por tratar de capturar los votos de unos 50,000 mineros ilegales e informales y sus familias, al prometer la derogatoria de los decretos legislativos 1100 y 1105, que buscan formalizar y racionalizar las actividades depredadoras de aquéllos. Lo ha hecho sabiendo que la minería aurífera ilegal en el caso de Madre de Dios, únicamente en este caso, ya ha arrasado más de 50,000 hectáreas de bosques, además de envenenar ríos e introducir diversas lacras sociales en este ámbito.
  • En consecuencia, si Keiko triunfara el cinco de junio, los depredadores mineros tendrían el visto bueno oficial para devastar cualquier cuenca hidrográfica y hasta las reservas ecológicas intangibles.
  • Ahí no queda todo. Hay otras malas señales para la conservación y la restauración del equilibrio ambiental en el Perú. Por ejemplo, continúa imparable la tala masiva ilegal del gran bosque amazónico para establecer monocultivos industriales. Igualmente, prosigue la neolatifundización del agro, incluyendo la captura del agua. Y los denuncios mineros ya cubren el 49.6% de los territorios de las comunidades campesinas, según el informe “Tierras comunales: Más que preservar el pasado es asegurar el futuro”, emitido recientemente por Richard Smith, investigador del Instituto del Bien Común.

                QUÉ HACER

  • En resumen, todo indica que ante una administración pública feudalizada por el gran capital, el modelo extractivista y depredador continuará en el próximo gobierno; aunque no se podría descartar algún milagro eventual.
  • Entonces, sólo queda la resistencia propositiva de la opinión pública responsable para defender a la Madre Naturaleza. Como acaba de ocurrir en Europa, donde la sociedad civil está por expulsar a la mayor transnacional productora de cultivos transgénicos y del letal herbicida glifosato en el mundo: la Monsanto.
  • Por consiguiente, el cinco de junio no sólo debemos votar por el mal menor en las urnas, sino también comprometernos a defender —frente a cualquier gobierno y los poderes fácticos— a la Madre Naturaleza que nos sostiene y nos da vida.

Sumilla

Según el Banco Central de Reserva, si el país sigue como hasta ahora, sin tomar medidas eficientes y eficaces para prevenir, mitigar y adaptarse al cambio climático, los daños ambientales y sus costos sumarán el equivalente al 8% (22,800´000,000 de dólares) del producto bruto interno (PBI) o riqueza nacional en el año 2030. 


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