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  • miércoles 20 de octubre del 2021

La ceguera de los candidatos ante el cambio climático

01 de marzo del 2016

Por: Reynaldo Trinidad Ardiles

Quizás por conformar un país de pellejo duro, memoria frágil y visión corta, los peruanos de hoy  solemos tropezarnos siempre con la misma piedra, por no aprender jamás la lección.

  • Dentro de este marco general, el caso más clamoroso corresponde —sin duda— a los candidatos presidenciales y congresales que dicen preocuparse por resolver los grandes problemas y necesidades nacionales, pero que en la práctica ignoran o eluden a los más importantes, como son el cambio climático y la disponibilidad de agua y alimentos para la vida.
  • Hasta hace sólo dos semanas el Perú estaba estresado por los incipientes flagelos de una sequía generalizada  y ahora por las lluvias torrenciales, avalanchas, cortes viales, desbordes e inundaciones en el grueso del territorio patrio; aunque especialmente en los Andes y la costa, incluyendo Lima, el gran centro del poder político-económico.
  • Sin embargo, ni ayer ni ahora  los candidatos aparecen en el escenario  para expresar siquiera una palabra al respecto, como clara evidencia  de que no tienen ni la menor idea del papel determinante del cambio climático en el futuro inmediato, mediato y lejano del país que pretenden gobernar.
  • Otra explicación de tan ominoso silencio  sería que ello no les interesa, porque no reditua votos y ocurre mayormente en el campo; como si  lo que sucede en éste no  repercutiera en toda la economía nacional.
  • El desconocimiento y el desdén de los candidatos presidenciales respecto al Perú rural  son tan manifiestos, que ninguno de ellos —ninguno—siquiera ha sopesado y  sopesa  el  peso electoral de éste: 25 % del total nacional, sin considerar a los miles de campesinos urbanizados. Pues en caso contrario, todos se habrían esforzado por colocar igual proporción de candidatos rurales en sus listas para el Congreso de la República

  • Obviamente, esto no es sólo culpa de aquéllos, sino también de los mismos actores del campo, por no organizarse para negociar con los políticos utilizando ese peso electoral.
  • Bien, como ello ya es irreversible, ahora sólo se puede esperar las sombrías  consecuencias de la  casi absoluta orfandad política del agro en el próximo régimen constitucional.
  • Más allá de lo expuesto, el tema de fondo  es aún más grave: quienes ganen las elecciones del 10 de abril próximo y la probable segunda vuelta presidencial, asumirán el manejo de un país  crecientemente  apremiado por el cambio climático y las anomalías  del ramo cada vez más frecuentes, irregulares e intensas en el tiempo y el espacio. Estamos hablando, principalmente, de los macrofenómenos “El Niño” (semidiluvios) y “La Niña”(sequías), la desglaciación,  las heladas, nevadas y granizadas, los “veranillos”, los “friajes” y los ventarrones, así como de  la relocalización de las plagas y enfermedades, igual que la aparición de nuevos azotes.
  • Así indica la serie histórica oficial de estas anormalidades, sólo en lo que va del presente siglo.
  • Entonces, quienes pasen a gobernar y legislar desde el 28 de julio entrante  se darán cuenta del craso -—diríase suicida— error de no haberse empapado bien y previamente sobre el cambio climático, para aplicar eficientes políticas de prevención, mitigación y adaptación.
  • Dentro de este marco, los candidatos deberían tomar especial conciencia sobre la principal amenaza que pende sobre  nuestra patria: la escasez crónica de agua;  básicamente como consecuencia  de la mala distribución natural de este recurso en el tiempo y el espacio, el agotamiento irreversible de nuestros glaciares y nevados, cuyos deshielos hoy proveen el 70 % del agua que usa el Perú occidental  en el largo período de estiaje,  y la depredación incesante de las fuentes superficiales y subterráneas.

  • ¿Será gobernable un país desestabilizado por la escasez crónica de agua? Las tardías  e incluso destructivas precipitaciones torrenciales de hoy son  sólo un paliativo efímero. Sin embargo, nos dan una pista de lo que debemos hacer pronto todos —gobernantes y gobernados, urbanos y campesinos— para conjurar preventivamente tal amenaza: desarrollar todas las alternativas posibles de siembra y cosecha de lluvias en los Andes, así como derivar parcialmente los ríos  en la costa.
  • Para comprender mejor esta urgencia, cabe recordar los siguientes hechos: 1. Cuando las precipitaciones son normales, más del 50 % de los escurrimientos va a perderse en el  mar, según estudios oficiales. 2. Cuando son excedentarias, como ahora, tras caer sobre los Andes desnudos, se precipitan erosivamente  por las pendientes hasta causar huaicos, desbordes e inundaciones en las partes bajas. Y 3. Cuando son deficitarias, no penetran bien en los suelos degradados de la misma región y menos aún drenan hacia la costa.
  • Todos estos problemas pueden ser resueltos de una vez y para siempre con  la retención de lluvias en los Andes, mediante la construcción masiva de zanjas de infiltración, microrreservorios mediterráneos, microrrepresas en cascada, lagunas artificiales, amunas o acequias rústicas de derivación hídrica hacia bofedales, reservorios o bocas de acuíferos, así  como el establecimiento de plantaciones forestales y sistemas  de agroforestería; entre otras alternativas viables ya demostradas por ingenieros y campesinos creativos  de nuestra propia patria.
  • Lo hermoso es que estas obras no benefician únicamente a la región vertebral del país, sino también —por infiltración de una parte del agua— a la costa y la Amazonía.
  • En consecuencia, los candidatos medianamente responsables deberían en sus planes de gobierno dar  prioridad a este proceso decisivo para el futuro sostenible del Perú, incluyendo la participación técnica de las universidades o facultades universitarias especializadas y la División de Ingeniería del Ejército Peruano. Aunque —obviamente— los únicos que pueden ejecutar las obras respectivas en las inhóspitas montañas altoandinas son los campesinos sempiternamente “ninguneados” por los políticos criollos.
  • En resumen, si en los últimos años los peruanos hemos tenido alguna lección contundente, con dos situaciones opuestas y extremas en lo que va de la presente campaña agrícola, es que el cambio climático es el gran telón de fondo para asegurar la sostenibilidad y la gobernabilidad del país.

  • Únicamente los irresponsables, necios y suicidas  pueden cerrar los ojos ante esta abrumadora realidad.

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