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  • jueves 19 de septiembre del 2019

Las Amunas recargan acuíferos, caso Huarochirí

Trabajo mancomunado, para sembrar, cultivar y cosechar agua como manatiales, ojos de agua y arroyos

24 de marzo del 2019

Los antiguos peruanos  desarrollaron un conjunto de conocimientos, tecnologías, mitos y ritos para sembrar, cultivar  y cosechar agua, manejando racionalmente el medio ambiente y el trabajo social mancomunado. A continuación un informe publicado en Agronoticias, gracias a la experiencia y conocimiento en el tema de Andrés Alencastre Calderón, economista de la Universidad Nacional Agraria-La Molina, que ha trabajado en las amunas de Tupicocha y Paccho, Huarochirí, Lima.

– ¿Se puede sembrar  agua en el Perú, co­mo quien siembra flores o maíz? ¿Se puede cosechar este recurso, como quien cosecha claveles o  cho­clos?

Sí, sembrar y cosechar agua es una  tecnología que las civilizaciones prehispá­nicas  desarrollaron con éxi­to hasta en sus más míni­mos detalles,  para irrigar tier­ras donde las lluvias son escasas o las fuen­tes de agua quedan muy dis­tantes.  

En quechua, según Xa­vier Bellenguer, tal práctica se denomina  “amuna”, que en castellano se traduce como “lugar de retención de agua” y en lenguaje técnico se define como “recarga artificial de acuíferos”.

Las comunida­des de San Andrés de Tupico­cha, Santiago de Tuna y La Mer­ced de Chaute, ubicadas en las alturas de la provincia de  Hua­rochirí, Lima, entre las cuencas de los ríos Rímac y Chillón, así como otras ubica­das en Santa Eula­lia y Yau­yos, siguen prac­tican­do las amu­nas como miles de años antes lo hicieron sus antepa­sados.  

El sistema busca  captar en las zonas altas agua  de ríos o de lluvias, almacenarla en lagunas, llevarla mediante  cana­les fuera de su cauce y luego extenderla en superficies per­meables, generalmente tierras improductivas o pedre­gosas; desde las cuales se filtra len­tamente hacia las partes bajas, para reaparecer me­ses des­pués como manan­tiales, “ojos de agua” y arroyos.

La clave de esta práctica es­tá en la cohesión de la comu­ni­dad como factor   fundamental para la organización del trabajo. Si la comunidad no fun­ciona como tal, no existirán los brazos necesarios para desviar el agua durante las épocas de abundancia. Y de hecho, en muchos lugares donde las co­munidades  han desaparecido —víctimas del acoso de las ins­tituciones “modernas”—, los sobrevivien­tes no tienen claro el concepto de para qué se re­car­gan los acuíferos, ni tienen in­te­rés en  servir a sus vecinos, de quie­nes se sienten desli­gados.

MEJOR CALIDAD HÍDRICA

Dos análisis fisoquímicos de las aguas de Huarochirí de­mostraron que existe enriquecimiento en los elementos mayoritarios  entre la amunera y el manantial.

  • La conductividad eléctrica pasa de 364  a 480 micromhos por centímetros.
  • El pH del agua en la amuna  es de 5.4 y se estabiliza al ingresar al subsuelo, llegando a valores cercanos al neutro.
  • Las aguas del río presentan valores más altos del ion calcio y se reducen en el acuífero profundo  de 70 a 32 mg/l.
  • El agua del manantial  presenta valores de 143 a 300 mg/l de sales minerales (CaCO3). Por lo tanto, se trata de aguas blandas, aptas para el consumo de la población y para la agricultura.

OBJETIVOS

¿Con qué objetivos practi­caron la retención e infiltración de agua los anti­guos perua­nos? Res­puesta:

  • Para densificar  la vegetación alrededor de los canales de conducción y reducir la ero­sión de las laderas, que —al hume­de­cerse— generan pequeños bosques y pastizales.
  • Para aumentar el caudal  y alargar la vida de los manan­tiales de las zonas bajas,  que abastecen a los pequeños sis­te­mas de riego de los asenta­mientos urbanos y rurales de las comunidades.
  • Para reducir los efectos des­tructivos del agua durante las avenidas,  distribuyendo los ex­cedentes hacia laderas y campos improductivos, y
  • Para mejorar los microcli­mas  y mantener la biodiversi­dad.

DINÁMICA DEL SISTEMA

La dinámica del sistema  se articula de la siguiente manera:

1.-El agua excedente de la temporada de lluvias se capta y/o retiene en la parte alta.

2.-Se la conduce hacia los  ca­nales y torrenteras.

3.-La acequia amunera   recibe las captaciones de todos los canales menores y las conduce hasta el lugar de infiltración.

4.-El agua se  “siembra” sobre  tierras rocosas y baldías.

5.-Una parte se conduce ex­ter­­­namente por canales secunda­rios y  llega a su destino entre 10 y 15 días de iniciada la recar­ga.

6.-La mayor parte se filtra  lentamente sobre laderas de roca volcánica fisurada y con gran capacidad de almacena­miento,  demorando —como en el caso de Huarochirí— de 5 a 6 meses en llegar a su destino. Se estima que la velo­cidad de circulación del agua en el interior de la roca  es de 10 a 14 metros por día.

7.-En la parte baja, el agua   fil­trada reaparece en la tempo­ra­da de estío, alimentando ma­nan­tia­les y arroyos, donde se pro­du­ce la “cosecha” para uso do­méstico, agropecuario y públi­co.

8.-En época de estiaje,  las co­mu­nidades planifican y ejecu­tan las obras colectivas  de mante­nimiento y operación de las ac­ciones de recarga.

9.-Los participantes  reciben el agua para sus cultivos, según  el trabajo aportado en las al­turas, y

10.-La celebración de ritos y fiestas alimenta a la identidad local y moviliza a los comu­neros.

Entrevista al investigador Andrés Calderón, economista de la UNA- La Molina, ha trabajado en las amunas de Tupicocha, Huarochirí, Lima.

  • Puedes leer el informe completo en Agronoticias N°328 págs (2008).

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