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Los bosques amazónicos no sólo brindan diversos productos renovables para la economía, sino también servicios ambientales imprescindibles para la vida, incluyendo la atracción e irradiación de humedad pro-lluvias para todo el continente.
Los árboles atrapan las lluvias y pueden bombear agua desde las profundidades, para reciclarlas hacia la atmósfera, mediante la evapotranspiración. Por lo tanto, entre el 25 y el 50% de las lluvias tropicales puede ser reciclado nuevamente a los bosques, ríos y lagunas. Sus impactos ecológicos y económicos —actuales y potenciales— son enormes.
Los cambios en el clima amazónico —relacionados con las lluvias y las sequías— aceleran la mortalidad de los árboles; proceso que —a su vez— reduce las reservas de carbono, aumentan el riesgo de incendios y disminuye la biodiversidad. Tales cambios también amenazan directamente al agro, la acuicultura y el transporte fluvial, entre otras actividades económicas.
La investigación científica está demostrando una patética realidad: a mayor deforestación, menos lluvias. Por lo tanto, los ecosistemas y las poblaciones que dependen de este recurso natural —incluyendo a las áreas vecinas— son y serán seriamente afectados.
El aire que pasa sobre los bosques tropicales produce por lo menos el doble de lluvias que al desplazarse sobre zonas con poca vegetación. Adicionalmente, los bosques contribuyen a las precipitaciones pluviales a miles de kilómetros de distancia.
Algunos científicos afirman que la deforestación de los bosques amazónicos podría reducir las lluvias hasta en un 21%. Dentro de este marco, los estudios de José Marengo, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE), concluyen que el bosque amazónico afecta las a las lluvias tanto en el sur del Brasil como en la Argentina, el Uruguay y el Paraguay.
Los vientos alisios, que vienen desde el océano Atlántico, arrastran humedad a la Amazonía y al noreste de Brasil. La vegetación amazónica no sólo la atrae y atrapa, sino también la repotencia a través de la evapotranspiración. Esta humedad es transportada por los vientos en dirección a los Andes, que la desvía hacia la región sureste de Sudamérica.
O sea que parte de la lluvia que se produce en la cuenca del río de la Plata —incluyendo al sur del Brasil— va de la Amazonía peruana.
Por otro lado, es conocido que los bosques reciclan la humedad mediante la evapotranspiración; aunque todavía no está muy claro hasta dónde llega el impacto de los mismos pro-lluvias en términos de cantidad o extensión geográfica. Pero algunos estudios demuestran que la deforestación genera disminución de lluvias no sólo sobre las áreas cercanas, sino también en escala continental.
Está demostrado que la deforestación y el cambio de uso de los suelos (deforestados) debilitan las capacidades de captura y retención de dióxido de carbono y la generación de lluvias por los bosques.
Sin duda, este proceso tendrá efectos devastadores sobre las poblaciones amazónicas que dependen en gran medida de los bosques, las lluvias y la fertilidad natural de los suelos inundables.
Por ejemplo, es previsible que muchas plantaciones agrícolas (incluso industriales) y muchos bosques pronto se verán afectados por inundaciones y sequías extremas. Pues, además de impactar directamente sobre las personas y la biodiversidad, los efectos del cambio climático también son capaces de alterar fuertemente el balance de carbono regional regulado por los bosques, acelerando el incremento de la temperatura y, por lo tanto, el cambio climático global.
Frente a este cuadro, desde hace varios años el IIAP viene realizando diversos trabajos promitigación y adaptación al cambio climático, involucrando directamente a poblaciones locales y autoridades. Por ejemplo, la tecnología de acuicultura con peces nativos significa una contribución sin precedentes en la Amazonía nacional. Pues con esta nueva tecnología, no sólo se asegura la creación de más empleos y mejor alimentación para las poblaciones locales, sino también que se asegura la conservación de las especies hidrobiológicas que habitan en los ríos y lagos amazónicos.
Nuestros estudios y experiencias indican que los tres niveles de gobierno —aunque especialmente el central— deben repotenciar las políticas y acciones de manejo de bosques, reforestación y fomento de la agroforestería y otras opciones productivas sostenibles que reduzcan la presión sobre los bosques primarios. Éstos son indispensables —incluso— para proteger a los frágiles suelos amazónicos.
Sin duda que las plantaciones de cultivos perennes, la acuicultura y la silvicultura de especies no maderables reducirían la emisión de gases con efecto invernadero.
Asimismo, se debe facilitar y estimular la investigación para conocer la verdadera capacidad de captura y almacenamiento de carbono que tienen los diferentes tipos de bosques amazónicos, particularmente los bosques aluviales y aguajales, que —según sabemos— son gigantescas turberas o sumideros de carbono bajo el suelo amazónico. Algunos estiman la existencia de más de 3,000 millones de toneladas de carbono bajo dichos suelos pantanosos peruanos.
Confirmar científicamente esta información es crucial —incluso— para cuando se tenga que negociar un posible pago por servicios ambientales
En síntesis, la sociedad peruana en conjunto debe comprender que frenar la deforestación de los bosques amazónicos y reponer los recursos forestales extraídos son tareas ineludibles para asegurar la sostenibilidad del Perú entero.
AGRONOTICIAS N° 406 (Por: Ing. Agr. Ph.D. Keneth Reátegui Del Águila)
Minam se opone a insistencia del Congreso en aprobar cambios en Ley Forestal
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