Aguaymanto peruano: tradición andina, valor nutricional y producción sostenible desde Lambayeque

El aguaymanto es una de las frutas más representativas de la biodiversidad del Perú y un símbolo del potencial agroproductivo de las regiones andinas y costeras del país. Conocido también como Physalis peruviana, este fruto nativo destaca no solo por su sabor agridulce y aroma particular, sino también por su alto valor nutricional y versatilidad en la gastronomía y la industria alimentaria. En la región Lambayeque, el cultivo del aguaymanto se ha consolidado como una alternativa productiva sostenible, impulsada por pequeños agricultores comprometidos con la calidad y el desarrollo local.

El aguaymanto comercializado bajo la marca ELIAS SOLANAO BARRIOS RODRIGUEZ es producido por Barrios Rodríguez Elías Solano, un agricultor que, junto a su familia y comunidad, ha logrado transformar una iniciativa familiar en una actividad agrícola organizada y constante. Este producto se presenta en sacos de malla de 30 kilogramos, con un peso referencial de 1.00 kg por unidad comercial, un pedido mínimo de 20 unidades y disponibilidad durante todo el año, lo que garantiza continuidad de abastecimiento para mercados locales y regionales.

Desde el punto de vista botánico, el aguaymanto es una planta que se reconoce fácilmente por sus flores amarillas en forma de campana, con corolas campanuladas de tonos morado-marrón. Sus frutos son bayas globosas de color naranja amarillento, con un diámetro aproximado de 1.5 a 2 centímetros. Cada fruto se encuentra protegido por un cáliz no comestible de textura papirácea, característica distintiva que ayuda a preservar su frescura y calidad durante el transporte y almacenamiento.

En cuanto a sus propiedades organolépticas, el aguaymanto posee un sabor agridulce muy apreciado, que combina notas dulces con una ligera acidez, lo que lo convierte en un ingrediente ideal para diversas preparaciones. Su utilización es amplia: se consume fresco en ensaladas de frutas, se emplea en la elaboración de jugos, mermeladas, postres y salsas, y también tiene un lugar destacado en la gastronomía contemporánea, donde es valorado por chefs que buscan ingredientes autóctonos con identidad.

Además de su uso culinario, el aguaymanto es reconocido por sus beneficios para la salud. Tradicionalmente, se le atribuyen propiedades que contribuyen al bienestar general, como apoyo en problemas de várices, ayuda en procesos de adelgazamiento y mejora del tránsito intestinal, siendo útil en casos de estreñimiento. Estas cualidades, sumadas a su contenido de vitaminas y antioxidantes, han incrementado su demanda en mercados interesados en alimentos funcionales y naturales.

El producto cuenta con una duración aproximada de un año, siempre que se sigan las recomendaciones de conservación, las cuales indican mantenerlo en un lugar fresco y seco. Estas condiciones permiten preservar sus características físicas, su sabor y su valor nutricional, asegurando un producto de calidad para el consumidor final.

Detrás de este aguaymanto existe una historia de esfuerzo familiar y trabajo colectivo. Según la reseña del productor, la iniciativa comenzó en el año 2010, cuando los hermanos menores de la familia empezaron a sembrar pequeñas plantitas de aguaymanto, motivados constantemente por el hermano mayor. Ese impulso inicial fue clave para que toda la familia decidiera involucrarse de lleno en la actividad agrícola, comenzando con la siembra de 100 plantas.

Con el paso de los años, el proyecto fue creciendo de manera sostenida hasta alcanzar, en la actualidad, una hectárea dedicada exclusivamente a la producción de aguaymanto. Hoy, el emprendimiento está conformado por ocho familias que trabajan al 100 % en la producción y comercialización del fruto, generando empleo, fortaleciendo la economía local y promoviendo una agricultura responsable.

La comercialización se realiza a través de diversos medios, incluyendo la venta directa a familiares, amistades y contactos del entorno cercano, así como la participación en ferias locales y regionales. Estas actividades no solo permiten colocar el producto en el mercado, sino también dar a conocer la calidad del aguaymanto y la historia que hay detrás de su producción.

Asimismo, el productor ha recibido el apoyo y la orientación de instituciones públicas y privadas comprometidas con el desarrollo del pequeño agricultor. Entre ellas, destaca la visita de representantes de AGRORURAL del MIDAGRI, quienes brindaron información clave sobre oportunidades de comercialización y herramientas digitales. Gracias a esta asesoría, el productor conoció el Catálogo Virtual de Productos Agropecuarios, gestionó los requisitos solicitados y completó su registro, fortaleciendo así su presencia en canales formales de venta.

En conjunto, el aguaymanto producido en Lambayeque por la familia Barrios Rodríguez representa mucho más que una fruta. Es el resultado de una tradición agrícola adaptada a los nuevos tiempos, de la unión familiar y comunitaria, y de un compromiso firme con la calidad, la sostenibilidad y el desarrollo rural. Un producto que refleja el valor del campo peruano y su enorme potencial para seguir conquistando mercados y paladares.