Facebook Twitter Instagram Soundcloud Youtube Email Enlace
  • lunes 11 de noviembre del 2019

¡RESCATAR AL MANÍ!: historia, cultivo, producción y consumo

Tesoro oleaginoso y proteico de nuestra vasta agrobiodiversidad, que aún no aprovechamos como debemos

27 de julio del 2019

Por: Enzo Alminagorta 

La prodigiosa agrobiodiversidad nacional nunca dejará de sorprendernos. Ahora le corresponde romper la rutina del conformismo al maní (Arachis hipogaea), por ser un extraordinario fruto alimentario y medicinal, rico en grasas, proteínas, minerales, vitaminas y otros elementos que nutren, favorecen a la salud de la piel, previenen ciertas enfermedades sanguíneas, cardiovasculares y degenerativas, reducen el colesterol negativo, facilitan la eliminación de residuos que dañan al organismo humano e incluso contribuyen al tratamiento de la diabetes.

Aún más, de las semillas del maní se puede extraer un fino aceite para consumo humano, uso cosmético y/o biodiesel. 

HISTORIA

La historia de este peculiar cultivo autóctono, cuyos frutos se meten a la tierra para crecer, se remonta a miles de años. Por ejemplo, el arqueólogo estadounidense Tom Dillehay descubrió restos de maní con 7 840 años de antigüedad en Paiján, La Libertad, y el valle de Nanchoc, Cajamarca.

Asimismo, los collares de oro y plata con forma de maní hallados en la Tumba del Señor de Sipán, Lambayeque, datan de más de 5 000 años. Esto indica que el maní es originario de la costa norte, aunque los incas extendieron su cultivo a otras regiones de Sudamérica y los colonizadores españoles lo llevaron a Europa y el África.

Pero tras la invasión española, el maní corrió casi la misma suerte que todos los alimentos nativos: el menosprecio. Tanto que su producción y su consumo se reducirían a niveles insignificantes. Aún más, es posible que no ser un excelente bocadito o snack, ya habría desaparecido del mercado. 

La desatención vigente por este cultivo es tal, que ni siquiera figura en el programa del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA). 

CULTIVO

El maní es una mediana planta leguminosa que erecta mide de 35 a 60 centímetros, según variedades, y prospera muy bien en los valles de la costa y la Amazonía, hasta los 1 000 metros de altitud sobre el nivel del mar. 

Tiene el tallo muy ramificado, hojas ovaladas y una raíz pivotante que puede alcanzar más de un metro de profundidad en busca de agua, así como numerosas raíces secundarias extendidas en los primeros 60 centímetros para la absorción de nutrientes.

Además, el cultivo hace simbiosis con la bacteria Rhizobium, para obtener nitrógeno a cambio de azúcar. Curiosamente, los frutos del maní no crecen en el aire, sino que —una vez fecundadas las flores— se dirigen hacia el suelo, hasta penetrar 2-8 centímetros bajo la superficie de éste, hábito que se denomina geotropismo positivo.

Ahí permanecen entre ocho y 10 semanas, hasta alcanzar la maduración, con vainas de cáscaras coriáceas con 5-7 centímetros largo y 4-5 semillas color café amarillento envueltas en tegumentos delgados de color rosado. 

Para dar buena cosecha, el maní requiere suelos fértiles y bien drenados, con alto contenido de calcio, fósforo, potasio y pH superior a 7. Además, es una planta que resiste sequía; tanto que puede salir adelante con solo 3 000 metros cúbicos de agua por hectárea/campaña.

Normalmente, el maní se siembra entre octubre y diciembre, para cosecharlo entre abril y julio. O sea que su periodo vegetativo es de cuatro meses en promedio.

La parte más difícil en el manejo es saber cuándo el cultivo está listo para la cosecha. Pues si el productor espera demasiado para que las vainas se llenen completamente, las semillas que desarrollaron primero pueden germinar. Para superar esta dificultad es necesario hacer muestreos a lo largo de los surcos y verificar que la pared interna de la vaina esté oscura y que el fruto tenga color rojo.

PRODUCCIÓN

Actualmente, en nuestro país hay unas 3  000 hectáreas de maní, principalmente entre los valles costeros de Barranca y Pativilca (Lima), Casma y Santa (Ancash) y Sullana (Piura), así como en los valles amazónicos de Juanjui (San Martín), el VRAEM, Ayacucho y Cusco.

Según el Ing.Agro. Ulises Osorio Ángeles, experto en cultivos oleaginosos de la Universidad Nacional Agraria-La Molina, en el Perú “la densidad de siembra va de 100 000 a 150 000 plantas por hectárea. Sin embargo, con un manejo tecnificado es posible duplicar estos índices, igual que la productividad media, que hoy es de 2 000 kilogramos de producto fresco por hectárea”.

Asimismo, él recomienda aplicar un distanciamiento de 10-15 centímetros entre plantas y de 30-40 entre surcos, con dos semillas por golpe o mata. 

Para obtener buena cosecha es necesario eliminar a las malas hierbas en los períodos de preemergencia y postemergencia del cultivo, porque dichas malezas causan pérdidas de hasta 100%.

El costo de producción es de 1,500 – 2,000 dólares por hectárea, para obtener 100% de rentabilidad (3 000 -4 000 dólares). Si produjeramos mayor cantidad de maní que hoy, nuestros principales mercados serían Holanda (gran comprador) EE.UU. y China. 

Según el Ing. Ulises Osorio, la razón por la que no se siembra más maní es el déficit de mano de obra en el campo. Pues este cultivo requiere en promedio de 25 jornales por campaña en plantaciones con máxima densidad (200 000 – 300 000 plantas por hectárea) y 12 – 15 en siembras con baja densidad. 

Ante ello surge la necesidad y conveniencia de mecanizar la producción, desde la siembra hasta la cosecha.

EN EL MUNDO

Mientras en su país cuna el maní sigue siendo un cultivo marginal, la China y la India producen cerca de las dos terceras partes de la cosecha mundial

 Aún más, el maní es la fuente más importante de aceite comestible y biodiesel, después de la palma africana.

Tanto sería el reconocimiento mundial a este gran alimento de origen peruano, que en el año 1 900 el inventor alemán Rudolph Diesel utilizó aceite de maní en la presentación de su primer motor.

Casi paralelamente, los agricultores del sur de Estados Unidos lo introdujeron masivamente, incluso en vez del algodón. Y uno de los pequeños cultivadores del ramo, Jimmy Carter, llegaría a ser mandatario de ese coloso planetario en el período 1977 – 1981.

CONSUMO

El maní puede ser consumido en forma directa, como bocadito, y en diversas preparaciones culinarias.

Pero, su mayor potencial tiene que ver con la industria, por su alto contenido de aceite (49%), casi en su totalidad insaturado, así como de proteínas (24.1%), el más rico entre los frutos oleaginosos.

Además, la torta resultante de la extracción del aceite es un formidable insumo para elaborar alimentos balanceados en pro de animales; mientras que las cáscaras del grano sirven como bioabono.

Según el Lic. Oscar Roy Miranda Cipriano, exdecano nacional del Colegio de Nutricionistas del Perú, “el maní contiene ácidos grasos esenciales que ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares, como la arteriosclerosis, e infartos en el corazón y el cerebro. Además, mejora el perfil lipídico de las personas, es decir, reduce el colesterol malo y aumenta el colesterol bueno”. 

Asimismo, él destaca que el maní registra una apreciable concentración de antioxidantes y fitoquímicos contra diversas enfermedades, empezando por el cáncer al colon.

Las formas más recomendables de consumo son: granos cocidos y molidos para niños, a partir de los 12 meses de edad, y un puñado de granos cocidos— dos veces por semana— para adultos.

Se atribuye indistintamente a los sabios Antonio Raimondi y Alexander von Humboldt el haber dicho “El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro”. 

El caso del maní así lo confirma: aunque la histórica Alianza Cocinero – Campesino podría romper pronto este ominoso fatalismo.

Ver texto original en AGRONOTICIAS N°414


Opiniones / Comentarios de otras personas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No te pierda las últimas noticias

Registrate con una cuenta gratuita y recibiras toda la noticia sobre sus temas favoritos.

Anterior